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Una historia de ghosting y humildad

Cuando salí de Conekta en Diciembre de 2019, poco sabía como iban a cambiar nuestras vidas tan solo en unos meses. Salí decidido a volver a emprender y en el «inter» iba a freelancear o dar consultoría, lo cual hice algunos meses hasta que me dí cuenta que la situación de la pandemia iba a ser larga por lo cual decidí que no era el momento adecuado y buscar empleo formal de nuevo. Comencé a contactar empresas y como era de esperarse, en varios de los procesos me dejaron «tirado» o lo que se conoce como ghosting.

Para los que no habían escuchado este término simplemente significa que nos apliquen, como conocemos acá en México, «La ley del hielo», es decir, no volvemos a saber nada de alguien. Particularmente se ha vuelto popular el término entre reclutadores y personal de RH.

En muchas de estas compañías a las que apliqué hubo un comportamiento de este estilo donde, después de invertir tiempo, no solo en las llamads y entrevistas iniciales sino en pruebas técnicas, que aveces tomaron todo el fin de semana, me dejaron colgado sin darme una respuesta. La verdad es que, en esos casos pienso que fué mejor, así me salvo de una cultura que probablemente no me hubiera agradado. No soy rencoroso pues.

Y aunque no me gusta (de hecho me da mucha flojera quien lo hace) irme a quejar a LinkedIn u otras redes sobre estos comportamientos, a veces es hasta irónico como suceden las cosas. Por ejemplo, una de estas compañías con las que llegue ya a una oferta y hablé con su VP ya no me contestó. Creería que, por el avance del proceso, al menos me merecía un «dice mi mamá que siempre no» pero obviamente no recibí ni eso.

Pero la frustración, la mayoría de las veces, de a quienes les aplican este ghosting es precisamente que haya tenido un impacto tangible ya sea personal o profesionalmente; un desempleado que se quedó sin dinero para la renta, las colegiaturas o perdió otras oportunidades o un reclutador que despidieron porque le aplicaron el ghosting a el y no completó «los números del mes«. La novatada en ambos casos en poner, como dicen vulgarmente, todos los huevos en la misma canasta.

Cuando he buscado empleo he tenido listas de hasta 50 opciones, que se van curando y descartando donde al final llego a procesos casi de contratación con al menos de 3 a 5. Obviamente escojo la que se alinea más a lo que ande buscando pero si no se concreta o no se le forma entonces paso a tomar otra opción

Esta estrategia hasta ahora me ha funcionado y, siempre he sido transparente con los reclutadores al decirles que obviamente no es el único proceso en el que estoy, no como amenaza o chantaje sino como parte del canal de comunicación y sobre todo para dejar en claro que probablemente con quien concrete primero el proceso y haya una oferta seria, será a quien considere primero en la cola de opciones. No hay más.

En esta compañía donde llegué al proceso final y que ya no supe de ellos parece que hay nuevas oportunidades. Recientemente me contactó otra persona de reclutamiento de la misma:

No contesté a tiempo porque obviamente no le di importancia. Después el fin de semana que volví a revisar mi correo ya tenía otro mensaje del reclutador preguntandome si había tenido oportunidad de considerar la oferta.

Amablemente le comenté que en primer lugar yo no era desarrollador de frontend, en ninguna parte de mi CV, LinkedIn o vida «pública» me he vendido como tal y, por otra parte, el hecho de que la misma compañía me había tratado de reclutar hace un año y medio aproximadamente.

¿No leen los perfiles? ¿No guardan estas compañías un registro de los candidatos con los que han tenido comunicación? Mi tolerancia es muy grande y como dije, no suelo molestarme por estas cosas pero puedo entender la frustración de quienes si.

Curiosamente cuando le contesté y le remarqué el hecho de que había estado en proceso y me habían dejado colgado su respuesta fue cortante y tajante. Una especie de «Ok, gracias» No supe si fue la pena o bien se molestó por algo que claramente no fue mi culpa.

De cualquier modo sigo recibiendo estos correos de vez en cuando, de procesos donde me hicieron invertir tiempo y no se les dió seguimiento. Creo que después de este último he decidido no tomarme el tiempo de hacerlo en un futuro. Entiendo que los nuevos empleados/reclutadores no conozcan la historia completa o no sea su culpa, pero tampoco mía. Tristemente quien se lleva la mala reputación es la empresa obviamente.

A quienes me contactan por primera vez, como siempre, les sigo contestando y lo seguiré haciendo cordialmente, agradecido de ser considerado para tener empleo, situación que a muchas personas les puede cambiar la vida. Siempre y cuando haya un acercamiento adecuado, lo menos que podemos hacer, creo, es responder y ser cordiales. Aunque tengamos empleo o no estemos en búsqueda. Un «no gracias» pues, no se le niega a nadie.

Bravo el perro y pateandole el cerco

Como dije, un acercamiento adecuado es clave en las relaciones y conexiones. Quizá no esté disponible pero puedo conocer a alguien que si. Más de una vez me he ofrecido con reclutadores a preguntarle a algunos de mis conocidos y colegas si estarían interesados y comparto su información de contacto. La sinergia es positiva pues uno nunca sabe cuando va a estar del otro lado, tema del que ya he hablado anteriormente en otro post.

Pero hay quienes de plano no se ayudan. El ambiente está «caliente» en estos momentos, al menos en el sector de tecnologías, por lo cual hay una gran demanda y poca oferta, o sea faltan changos y sobran circos. Y así, sabiendo que en este caso los candidatos tenemos, digamos la sartén por el mango, algunos reclutadores perdieron la clase de lógica aparentemente. Como el siguiente caso de quien me contactó esta semana:

Si nunca uses LinkedIn Messenger, ¿Cómo es que me contactaste por ahí? y, ¿Por qué habría yo de tomarme el tiempo de escribirte y mandarte el C.V. si fuiste tu quien me contactaste? ?

En estos casos he decidido ya ni siquiera perder los 30 segundos de contestar con el no gracias. Si quien me contacta no se toma el tiempo de analizar lo que está enviando entonces no me siento con la responsabilidad de ser cordial.

Y es entonces cuando se molestan porque «parece que nadie quiere trabajo» o los dejan «en leído«. No señor, usted debe cambiar su estrategia de acercamiento con los prospectos siempre que usted está siendo el interesado.

Aclaro que esto no es exclusivo de los reclutadores. Más de una vez que he recomendado a alguien para un puesto que me ofrecieron a mí, he escuchado de vuelta del reclutador que mi conocido o colega no se presentó a la llamada o entrevista, sin motivo alguno, y no vuelven a contestar o dar una razón.

Así que, más que ghosting, lo que se debe cuidar en ambas partes es la reputación y tener una red de contactos saludable y sobre todo de gente profesional. Una mala estrategia de reclutamiento puede destruir la reputación de una empresa aun cuando su cultura, fuera de los procesos de RH sea grandiosa y, lo mismo puede pasar con candidatos, he conocido ingenieros brillantes pero sumamente irresponsables que siempre tienen excusas. En ambos casos, el tiempo y el hecho de que, al final, muchos nos conocemos en la industria, les han pasado factura. Y creánme, es más difícil recuperarse de una mala reputación que construir una buena.

Publicado enfrustracionesgeneral

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