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Una vez en la vida

Que cosa más cursi y llena de clichés hacer un recuento de nuestras vidas en fin de año ¿No? Por que, si deseamos ser diferentes y especiales, esto de los propósitos, la retrospectiva y los buenos deseos, que supuestamente son ideas passé de quienes nos aferramos a una idea de vida que según ya no funciona, obtendremos siempre los mismos resultados.

Así que aquí estoy, un 31 de Diciembre, de un complejo 2021 para prácticamente toda la población mundial, escribiendo algo para desahogar la tristeza, hacer recuento de los daños, reflexionar y claro, desarrollar las nuevas perspectivas de vida.

No suelo compartir detalles de mi vida personal ni aquí, ni en redes sociales, ni los discuto con extraños. Poca gente de mi ya de por sí pequeño círculo, es mi confidente, o yo el suyo. Pero somos seres que debemos estar en constante cambio y adaptarnos y este año en particular me lo ha enseñado.

Por que es muy fácil decir, opinar o aconsejar. Todos hemos escuchado el «échale ganas» o la versión moderna del New Age que despectivamente llaman «vibrar alto» para burlarse de aquellas personas que siempre tienen una respuesta para todo. Los del «positivismo tóxico» como le llama mi amiga psicóloga Karla.

Estamos inundados de información, campañas, libros, grupos y demás empeñados en hacernos creer que estamos libres de problemas y que con una actitud alegre y desenfadada se resuelve cualquier cosa. Los del pragmatismo, los del estoicismo, los de los tips de los líderes más poderosos, los de los podcasts de estilo de vida, los de las listas de cambios de hábitos, de frases positivas para reprogramarnos.

Este 2021, donde toqué fondo en temas de salud, terminar en urgencias más de una vez, vivir dependiendo de fármacos y antidepresivos, de un divorcio, de dejar mi hogar, mi mascota, la vida que «construí» con esfuerzo, tropiezos pero también con mucho amor y honestidad por casi la mitad de mi vida, de la ley del hielo de quienes se consideraban y consideraba mis amigos, de deudas, de tener que comenzar desde cero y como es usual para mí, solo, y en medio de una pandemia que no deja desarrollar mi ya de por sí, poca actividad social.

Esto no es una queja. Es mi reflexión. Siempre he sostenido que debemos hacernos responsables de nuestras vidas, y de los resultados de las decisiones que tomamos, de nuestra persona, física, mental y espiritual. No se si me gustaría cambiar algo en mi vida, aquí estoy, vivo, con una oportunidad cada día que me despierto y sigo vivo, aunque suene a cliché y les moleste a los pesimistas.

Pero también he aprendido a «soltarme«, a aceptar el fracaso, a vivir el duelo pero sobre todo a no reprimir mis sentimientos, sean malos o buenos. Se vale sentirse triste, tener días malos y aceptar que, por nuestra naturaleza, no siempre vamos a tomar las mejores decisiones y ello, algunas veces, nos traerá lecciones de vida, que duelen, duelen mucho, pero crecer siempre es doloroso, lo es cuando crecemos físicamente, lo es cuando crecemos mental y espiritualmente.

Este año me cuestioné muchas cosas, ¿Por qué nunca he podido ser una persona «normal»?, ¿Por qué no he podido ser más fuerte, mas resiliente, más disciplinado, mejor amigo, buena pareja…? Siempre he sido bastante duro conmigo mismo y quienes somos exigentes con los demás (fama que tengo) lo somos 10 veces más con nosotros mismos.

Y este año de cambios trascendentales en mi vida he tenido que detenerme para volver a mi y ser compasivo conmigo mismo. Porque, a pesar de mis errores, y de mi auto-perspectiva que tiende al castigo, he superado un millón de obstáculos en mi vida, he crecido como persona, he provisto, he amado, he confortado y me he mantenido como lo que considero, un ser humano valioso. Me debo eso, el reconocimiento, el apoyo, la motivación, la tolerancia y sobre todo el perdón.

Por un 2022 mejor para todos, pero en particular para mi. Por que lo quiero, y porque creo que lo merezco.

«Time isn’t holding up
time isn’t after us»

Publicado enPersonal

Un comentario

  1. Emmanuel Emmanuel

    Había notado tu ausencia en las redes sociales y decidí echar la vuelta para acá. Soy empatizo con tu blog porque me identifico desde siempre con tu forma de ver las cosas y de sentir el mundo. Eso si, como siempre creo que solo miras una arista, la que no, es la que te repito siempre y es el eco del sentir de muchos conocidos seguramente: agregas mucho valor al mundo, con tus ideas, con tu inteligencia, con tu razonamiento. Toma en cuenta esta opinión también en la tristeza, y que bueno estes en este bache, al final, no todo es para siempre, ni lo bueno ni lo malo así que disfruta el “pico” y nos vemos como siempre: en la cima.

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