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¿Así que tu también tienes una idea disruptora y millonaria?

Si me dieran un dólar por cada persona que se me ha acercado diciendome si tengo la capacidad de «Hacer un app» para esto o aquello, probablemente ya tendría suficiente para comprarme un café, y de los caros, el resto de esta semana. La parte más interesante es que en realidad muchas personas creen que tienen una idea realmente valiosa pero desafortunadamente les falta capacidad técnica o, si, adivinaron, capital.

Estoy seguro que no soy el único, digo, no me siento especial, no al menos desde esa perspectiva, de hecho, la mayoría de las veces que algún conocido (o pérdido y aventurero) me ha hecho el comentario mi respuesta casi siempre es la misma: «No se desarrollar aplicaciones móviles» y eso automáticamente funciona como un filtro; de decepción para el otro y de alivio para mi.

Las ideas por si solas, no tienen valor…

La mayoría de los seres humanos tenemos la capacidad de generar ideas y diseñar conceptos, somos un animal racional pues. Desde aquellas ideas tontas que nos surgen mientras nos bañamos hasta verdaderos «hacks» de la vida, unos con más valor y/o utilidad que otros. Una de las cosas que mas promueve el desarrollo individual a nivel cognitivo es por supuesto poner nuestra mente a trabajar.

Tener la idea de un negocio no es necesariamente de valor. El problema principal es pensar que nuestra idea es de hecho un negocio. Para que algo sea un negocio debe redituar ganancias y para que algo genere ganancias la gente debe pagarnos por ello. Es por eso que algo que tengamos en nuestra cabeza y creamos que tiene utilidad no necesariamente sea el caso para el mercado.

…pero la ejecución de ideas en forma de negocio, sí

Aun cuando tuvieramos una idea que podría validarse con un mercado existente esto no significa nada, nada en lo absoluto. Uno pensaría que el hecho de haber conceptualizado algo nos hace la parte más importante de dicho negocio, podríamos dividir en 3 áreas críticas el lanzamiento de dicho negocio:

  1. La ejecución
  2. La administración
  3. La operación

El punto 2 y 3 son cubiertos precisamente por capital e ingenieros por ejemplo, si hablamos de una compañía de tecnología claro está, donde entra el individuo con la idea principal es en el 1, pero no solo se trata de poner la idea en la mesa y trabajar. Incluso si consiguieramos capital y mano de obra necesaria para llevar acabo dicho proyecto, el gran factor de éxito o fracaso del mismo sera la ejecución.

Es por eso que usualmente quien es fundador de alguna empresa suele ser quien se queda con el puesto mas importante: el del director general, que entre otras cosas, se asegurará que la idea se convierta efectivamente en un producto rentable, y en ese largo viaje se requieren muchas más habilidades que simplemente pensar y poder imaginar una idea de negocio.

El mercado (probablemente) ya ofrece lo mismo que tu

Suponiendo que además de validar nuestra idea de negocio (gente que esté dispuesta a pagar) y que contemos con los recursos para echar a andar un proyecto, es muy probable que exista algún producto similar, porque, seamos honestos, el 99% de estas personas con una idea de negocio en el sector tecnológico rara vez re-inventará la rueda o tendrá un concepto novedoso que ofrecer.

Solo hay que voltear a ver la oferta en los «App stores» de Google y Apple donde existen no cientos, sino a veces miles de aplicaciones que hacen exactamente lo mismo. Y si, tener otras opciones siempre es saludable para el mercado y para el consumidor y habrá quienes se enfoquen en ciertas verticales u ofrezcan cierta funcionalidad que el vecino no da pero la ley de la oferta y la demanda es natural, por lo tanto, el punto de una ejecución sublime del producto (branding, marketing, canales de ventas, etc.) se vuelve aun más interesante… y complejo.

La motivación debería venir de una necesidad

Ya he escrito antes sobre este tema: si la única motivación que tenemos para emprender es volvernos jefes, dueños o sentirnos empresarios entonces estamos destinados a fracasar, particularmente en la industria de la tecnología. Es cierto que existen cada vez más vacantes y trabajo para quienes se dedican a las denominadas STEM sin embargo, se habla poco de la gran proporcion de fracasos en esta industria y para mi un gran porcentaje se debe precisamente a eso: el mercado nunca nos pidió nuestro producto.

Es cierto que se puede crear un mercado inexistente, hacer sentir la necesidad a nuestros prospectos o potenciales clientes que usar nuestros productos les va a traer algún beneficio, utilizando tácticas de marketing viral por ejemplo, pero al final del día, como dice el refrán, «Fácil se viene, fácil se va» y después del «Hype» es muy probable que nuestro producto fracase si en realidad no ofrecía valor a dichos clientes.

Pedirle a alguien asociarse o ser co-fundador en un proyecto de software significa, la mayoría de las veces, invertir el poco tiempo que nos queda libre y en el peor de los casos, arriesgar un empleo fijo y seguridad para aventurarse en la idea de alguien más. Hacer software es bastante simple para los que lo saben hacer, invertir y arriesgar una parte de tu capital es algo que los inversionistas están acostumbrados a hacer, lo que no es tan fácil es organizar ideas, materializarlas, mercadearlas y que deriven en productos que los demás estén dispuestos a pagar, sobre todo si estamos hablando de tecnología. Para vender tacos no necesitamos ser los mejores, solo ponernos en una esquina con algo de afluencia donde no existan opciones de comida rápida en un radio de algunas cuadras. Vender tecnología en un mercado virtual con «taquerías» en cada esquina es otra historia.

Publicado engeneralprogramacióntecnología

Un comentario

  1. gabo gabo

    Tendré que poner en un marcador este texto, explicas claramente lo que muchas veces batallo en explicar cuando llegan a proponerme una súper fantástica idea

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