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La revolución de la indiferencia

No se necesita ser gran fan del futból americano para entender la importancia del famoso «Superbowl» o el Supertazón, que es el equivalente a la final de la liga del fútbol de a «deveras» o sea, como le dicen los gringos, el «Soccer». Gran porcentaje de las personas que acuden al evento de manera presencial o incluso los que se juntan el «super domingo» distan mucho de ser fans del deporte mismo y lo hacen más como una actividad de esparcimiento (emborracharse y tragar) que por otra cosa, parecido a lo que pasa con la «fiesta brava» de la tauromaquia, las carreras de fórmula 1 y anexos que llaman como moscas a los denominados «villamelones«.

Una de las actividades más importantes, curiosamente, en este evento, nada tiene que ver con deporte; el medio tiempo. Pequeño break de alrededor de 15 minutos donde artistas de fama mundial cantan y/o bailan con una mega-producción. Es casi menester que este mini-evento se vuelta tema de conversación y prevalezca incluso en forma de memes que van desde el desempeño de a veces artistas desentonados hasta el vestuario. El pasado superbowl no. 54 mientras estaba en un evento familiar todos decidieron correr a la sala a disfrutar del show, o al menos los villamelones que no les interesaba el partido pero sí el performance de Shakira, J Lo y… Bad Bunny y J Balvin a quienes algunos destrozaron y otros defendieron a capa y espada, en las redes sociales, como es habitual. ¿Estaban estos dos «artistas» en el momento y lugar correcto? Yo creo que si.

Música != Industria Musical

A pesar de que el evento de medio tiempo del superbowl se ha vuelto, según algunos críticos, «Demasiado comercial», me parece que la participación de Shakira y Jennifer Lopez tiene sentido y además mérito. Por una parte Shakira cuenta con una carrera más que probada, compone y sabe cantar, por otro lado, si bien Jennifer Lopez no tiene una voz espectacular, lo complementa con una coreografía de 10; subirse a una estructura de 5 metros en tacones y bajarla a los 50 y tantos años es de respetarse. Ambas artistas, con carreras definidas con experiencia, estadios llenos, discos de platino, etc. De la «vieja escuela».

Por otra parte, los invitados, Bad Bunny y J Balvin, si bien cuentan con una carrera corta, comparada a las de las invitadas principales, «jalan» mas gente que incluso artistas con 20 o 30 años en la industria. Tanto así, que muchos artistas considerados como referencia, se han acercado a estos artistas del denominado género «urbano» y «trap» para hacer colaboraciones y seguir vigentes, como el caso de Madona y Maluma en «Medellín».

El objetivo del medio tiempo del superbowl no es diferente al de otros medios audiovisuales comerciales tradicionales como la radio y TV o incluso los digitales; vender. Seguramente hubo alguien detrás de la decisión de invitar a estos 4 personajes que analizó y proyectó las potenciales ventas y ganancias. Quizá a los más tradicionales nos hubiera gustado ver y escuchar a Rolling Stones o U2, pero sorprendentemente, es posible que un J Balvin y un Bad Bunny atraigan mas rating.

El tema de discusión, sin embargo, fue el hecho de que muchos consideran a estos dos cantantes de género urbano como una burla pues no hay que analizar mucho sus discos o escuchar sus conciertos para saber que no tienen voz de cantante y que simplemente son producto de un abuso de auto-tune y ritmos de reggaeton y trap básicos reciclados una y otra vez entre todo el género. Hubo quienes incluso, a manera de broma (o quizá no), dijeron que los tiempos de shows como Michael Jackson pasaron a la historia y era momento de coronar al nuevo rey, si, a Bad Bunny.

Lo que hay que entender aquí es que el arte de la música nada tiene que ver con el negocio musical o la industria. Podemos estudiar, analizar y discutir mil veces temas relacionados a composición, ritmo, melodía, letra, producción, etc. pero al final del día la «industria» lo que quiere es vender y generar ganancia, no arte.

Declaraciones sociales, declaraciones vacías

Justo unos días después del superbowl estuve platicando con una persona mucho menor que yo, en sus 20’s, de mi familia política, a quien considero tiene «buenos gustos musicales» bajo mis estándares. El tema del medio tiempo saltó y con ello mi disgusto por Bad Bunny. Acto seguido escucho:

¿Neta? A mi me encanta, se me hace uno de los artistas mas innovadores

Obviamente pensé que esto era un sarcasmo pero conforme la conversación avanzó me di cuenta que hablaba en serio. Me dijo que no podía criticar el género ya que cada quien «tiene sus gustos«, sí, uso la «carta». Mi respuesta a ese dicho común siempre es el mismo:

Que te guste o le guste a muchas personas no lo hace bueno

Obviamente no estuvimos de acuerdo pero me llevé de «tarea» escuchar algunos artistas que me iba a recomendar de dicho género, cosa que hice para poder entender un poco más del tema. En realidad, más que criticar, me gusta analizar el impacto social que tiene la música (o cualquier otra actividad) en lo que nos rodea.

Es obvio que yo también fui adolescente y tuve gustos que personas mayores que yo criticaron y habrá quienes en su momento (o aun) consideran a KoRn, Limp Bizkit y otras bandas de «nu metal» como ruido y no como música.

Siempre he creído que hay dos razones principales por las cuales nos gusta algún estilo particular de música o ciertos artistas:

  1. Los momentos en que lo escuchamos por primera vez
  2. El trasfondo social y cultural que representan

Por ejemplo, si yo hubiera crecido en una zona rural o rancho donde mis papás, mis tíos, el transporte público, el vecino, etc. escuchan narco-corridos, es natural que desarrolle un gusto inconsciente por ellos. ¿Por qué? Pues porque en cada actividad durante mi crianza fueron mi «música de fondo», por gracioso que se escuche, quizá di mi primer beso, tuve mi primer aventura, borrachera etc. con este tipo de música. El cerebro va a re interpretar estas emociones que vivimos alguna vez, sobre todo cuando fuimos jóvenes, en búsqueda de esa satisfacción, es un proceso neuronal.

En el caso del trasfondo o impacto social y cultural este es un proceso digamos más consciente, donde lo que representa la letra, un álbum o el artista per se, es una clara declaración de opinión, estatus, protesta o simplemente de un estado de ánimo, como estar enamorado.

Y es que si analizamos las etapas musicales digamos cada 8-10 años encontraremos similitudes, por ejemplo, un tema recurrente en los 60’s fue la liberación social, experimentación con drogas y hedonismo, en los 70’s tenemos una clara inclinación hacia protestas a conflictos armados, exploración de culturas no occidentales y religiones como hinduismo, la influencia de la comunidad de color, etc. En mi caso, y al haber crecido en los 90’s y principios de los 2000’s los temas más recurrentes fueron, bajo mi percepción, el maltrato, abuso, des-conexión familiar, violencia escolar, bullying, etc.

Pero entonces, si cada generación musical ha explotado algún tema social y cultural, ¿Cuál es el de los llamados géneros urbanos?

Para mi la respuesta es simple: ninguno, nada. Pero no lo digo de manera despectiva, sino como ejercicio de introspección.

A las nuevas generaciones no les importa nada

Un argumento constante en discusiones intra-generacionales es que a las nuevas generaciones no les importa un carajo nada a su alrededor, solo ellos mismos, particularmente a los millenials y a la generación Z. Memes como el «OK, Boomer!» representan perfectamente esto.

Pero más allá de indiferencia, que si bien es cierto se ha desarrollado hasta cierto punto, y un narcisismo empujado por la falta de interacción social en la «vida real» a costa de un exceso de redes sociales en forma de vida perfecta y pequeños premios de auto-satisfacción en forma de likes, me parece que lo que se ha venido dando es precisamente una «contra-cultura», es decir, un movimiento, inconsciente, pero generalizado, donde muchos individuos, particularmente los más jóvenes, están ansiosos por un nuevo horizonte, solo que no lo tienen visualizado, ni definido.

Porque, si ya tocamos prácticamente cualquier tema sensible social, cultural, económico y político desde la música durante los últimos 60 años ¿Qué más podemos hacer? Cuando no tenemos claro lo que queremos, pero si lo que NO queremos entonces lo natural es tomar una actitud evasiva, «no veo, no escucho«, como una forma misma de protesta donde estas nuevas generaciones saben que las que pasaron detrás de ellos dejaron problemas sin resolver y quizá, ¿Música sin impactar?

Entonces, si inconscientemente, estas revoluciones musicales parecen no haber surtido efecto, ¿Por qué continuarlas? Seguimos teniendo muchos de los problemas y circunstancias relacionadas a ello, algunas incluso más severas. «El rock no detuvo las guerras, el rap no acercó a las razas«, tenemos entonces la declaración perfecta: «Romper el estatus quo con formas sin sentido», en este caso, musicalmente.

Ser original sin hacer nada original

Regresando al tema de la música, y pensando en como estos géneros donde es claro que no existe intención, ritmo, melodía ni voz, pueden ser artífices de cambios sociales, parecería que es incluso ridículo siquiera pensarlo. Puedo imaginar incluso, que en las mentes de muchos de estos cantantes, existe algún tipo de percepción de originalidad, de romper esquemas, de ir contra la corriente, de evitar las reglas, de decirle a lo impuesto «quítate que ahí te voy», a manera pues, de presentarse como algo propio y único.

Resulta que, algo similar sucedió a principios del siglo pasado: el Dadaísmo, corriente artística que irónicamente protestaba contra el arte, es decir, contra el arte desarrollada hasta esa fecha, de Wikipedia tenemos la siguiente excelente descripción:

El dadaísmo suele ser una sucesión de palabras, letras y sonidos a la que es difícil encontrarle lógica. Se distingue por la inclinación hacia lo dudoso, la muerte, lo fantasioso, y por la constante negación. Así, busca renovar la expresión mediante el empleo de materiales inusuales o manejando planos de pensamientos antes no mezclables, lo cual conlleva a una tónica general de rebeldía o destrucción. El Dadaísmo es caracterizado, también, por gestos y manifestaciones provocadoras en las que los artistas pretendían destruir todas las convenciones con respecto al arte, creando, de esta forma, un antiarte. El movimiento dadaísta es un movimiento antiartístico, antiliterario y antipoético porque cuestiona la existencia del arte, la literatura y la poesía. De hecho, por definición, cuestiona el propio Dadaísmo.

Dadaísmo – Wikipedia

No me atrevería a comparar por supuesto a Bad Bunny con Tristan Tzara, pero la intención es la misma; la contrapropuesta, la protesta hacia protestar, hacer una declaración sobre no hacer declaraciones. Para mi entonces, estos nuevos géneros musicales, son una especie de dadaísmo moderno, solo que sus proponentes no están conscientes.

Y tal como en el siglo pasado el dadaísmo buscaba anteponerse a la razón y desafiar los preceptos del artista burgués, quizá el trap y el urbano buscan balancear precisamente esos preceptos modernos en una sociedad de extremas derechas e izquierdas donde se es o no se es, en una sociedad donde tenemos graves problemas de feminicidos, liberación sexual, cultura LGBQT, por un lado, y por otra, artistas del género cantando odas a la misoginia, la cosificación, al abuso de drogas y demás.

¿Se puede crear arte sin esfuerzo?

Obviamente carezco de las credenciales para contestar dicha pregunta. Se le puede dar mérito a los artistas por el esfuerzo físico en sus shows, por su resistencia durante las giras, por su amabilidad con los fans, pero al final del día, al menos a mi, lo que me interesa es la esencia musical.

En esta excelente entrevista entre Conan O’Brian y Jack White, vocalista de «The White Stripes», existen gemas invaluables de comentarios sobre este tema, por ejemplo:

«What good can come from comfort? Its not going to be art, I think there’s a false ideal maybe in younger people that I can be an artist and I don’t have to work»

Jack White

Y es que la mayoría de estos cantantes en realidad no cantan, o no al menos bajo un estándar que pudiéramos considerar agradable al oído generalizado, de no ser así ¿Por qué todos estos utilizan herramientas como auto-tune? Al final del día, el abuso de esta herramienta mezclada con los mismos ritmos y beats de los demás hacen para mi esta música desechable y poco original. Utilizar tecnología no es un pecado en la industria musical, y bien aplicada puede hacer maravillas, pero debe ser un soporte y no la espina dorsal, de la misma entrevista a Jack White:

«I’m a believer that new technology means new responsibilities… in art forms too, if you are a photographer you have photoshop now, if you are going to call yourself a photographer and be one and dedicate your life to that, you have a big monster hanging out in front of you that can make you cheat on everything»

Jack White

No es acerca de la edad

Aunque existen estudios que aseguran que después de cierta edad dejamos de descubrir música nueva o simplemente perdemos el interés, como se explica en este artículo de Business Insider titulado «We stop discovering new music at age 30, a new survey suggests — here are the scientific reasons why this could be«, para mi realmente es una cuestión bastante simple: debe cumplir un objetivo que es el de transmitirme alguna sensación, o en el peor de los casos, entretenerme.

Así como existe cine hollywoodense de fin de semana, que no trascenderá nuestras vidas pero al menos cumple con mantenernos riendo o entretenidos por un par de horas, estoy abierto a música comercial para «pasar» el rato y la disfruto de la misma manera aun cuando no sea una canción trascendental que pasará a la historia como una de las mejores melodías realizadas por el ser humano, es solo que, honestamente, Bad Bunny y compañía, para mi, caen en lo insoportable, no hay un solo elemento de estos géneros que me cause alguna reacción positiva.

Y para cerrar, les dejo este cover de «Sledgehammer», de Peter Gabriel, interpretado por Harry Styles, artista que muchos considerarían «fabricado» pues salió del programa X-Factor para después integrarse a un «boy-band»; One-Direction, y al cual descubrí recientemente y se ganó mi respeto pues cuenta con los elementos para transmitirme emociones con su trabajo, a pesar de ser un artista claramente fuera de mi generación:

Harry Styles – Sledgehammer
Publicado engeneralmusicasociedad

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